Hard

Julio 18, 2008

Sorrow, litograf�a de Vincent Van Gogh

Sorrow, litografía de Vincent Van Gogh


No sabés lo duro que es para mí, también, todo esto que está pasando. Como vos dijiste: estoy aprendiendo, sí, pero cómo me cuesta…
No es poca cosa, al fin de cuentas: nada menos que un combate a muerte con el propio egoísmo, en el que vamos dejando jirones de aquello que fuimos (y que seguimos siendo, de algún modo), como si el alma se fuera cayendo a pedazos. No es así, lo sabemos; se trata de nuestro ego, no de nuestra alma, y nuestro ego no deja de ser una ilusión. Nuestra alma, en cambio, es aquel lugar interior donde el dolor (este dolor, al menos) ya no existe.
Pero, mientras tanto, el sufrimiento nos acosa, dispuesto a arrancarnos la piel. En cada round de la pelea nos sentimos a veces un poco más cerca de la muerte y otras veces un poco más cerca de la vida; es nuestro propio destino de involución o de evolución el que está en juego, o por lo menos así lo intuimos. Por eso tampoco nos damos tregua.
Y he allí el dolor, el borde-de-abismo paradójico que nos muestra, de un lado, que cuanto más sufrimos más aprendemos, y del otro, cuán poco nos costaría darnos por vencidos y ser complacientes con nosotros mismos.
El dolor es el costo de ser coherentes en el ejercicio del amor y de la libertad cuando todavía no hemos alcanzado ningún grado aceptable de idoneidad en esos menesteres y apenas somos unos tontos aprendices. Es el costo de convertir cada obstáculo en una excusa para el crecimiento, en un motivo para el autoanálisis, en la condena implacable de todo aquello que nos ata a nuestros propios anhelos (esa piedra en el extremo de la soga que nos cuelga del cuello/la peor amenaza a nuestra felicidad/el absurdo sabotaje que nos hacemos a nosotros mismos).
Lo que cuesta vale.
Y entonces, de repente, descubrimos lo que vale.
Descubrimos a ese otro a quien amamos y de quien, tal vez, debemos desprendernos.
Lo descubrimos de esa forma en que no lo permitiría el egoísmo; así, tal cual es. (Gigante, noble, inocente, pequeño. Autoexigente, consecuente, dolorido. Admirable, sólido, artista: hacedor de arte, buscador de arte. Merecedor de amor.)
Y ya no entendemos el porqué del sufrimiento.

Escribe un comentario